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Portada  |  13 mayo 2019

A los 97 años, murió la actriz Doris Day

La legendaria actriz, una de las estrellas de Hollywood más queridas y taquilleras de la era dorada de la industria del cine falleció este lunes.

Doris Day murió este lunes a los 97 años, medio siglo después de que el cine la convirtiera en la mujer perfecta de su tiempo y la estrella más taquillera de Hollywood entre 1962 y 1966. Y que su rostro siempre juvenil se asociara con la imagen de una época marcada por el confort de la vida cotidiana: cocinas relucientes, dormitorios inmaculados, jardines y fachadas impecables.

Sin embargo, en su autobiografía escrita a mediados de los años 70 dijo que aquella felicidad de ensueño que regaló en la pantalla había sido un espejismo. En ese momento estaba en la ruina económica y recuperándose de un colapso nervioso.

¿Cómo llegó a esa crisis una estrella que no paraba de ganar dinero con sus películas y que en 1954 era la cantante popular más exitosa del mundo, con cinco millones de discos vendidos al año? El viaje rápido del sueño a la pesadilla se le presentó muchas veces en la vida, la primera cuando apenas era una adolescente.

Había nacido el 3 de abril de 1924 en Cincinnati (Ohio) como Doris Mary von Kapplehoff. Su padre, inmigrante alemán, era músico y organista de la iglesia local. La pequeña Doris tenía dotes artísticas innatas y empezó a tomar clases de danza a la salida de la secundaria, pagadas con el dinero que su madre, ya divorciada, ganaba trabajando
en una panadería.

Tenía 14 años cuando ganó un importante premio de baile en pareja con un chico llamado Jerry Doherty. Los padres de ambos intentaron dos veces llevarlos a Hollywood para que probaran suerte, pero en la víspera del segundo intento, Doris sufrió un serio accidente. Se fracturó una pierna cuando un tren arrolló al auto en el que viajaba.
Pasó casi un año en el hospital y los médicos le aseguraron que jamás volvería a caminar. Decidió cambiar la danza por el canto. A los 16 años, ya casi curada, era la gran figura de los clubes nocturnos de su ciudad natal. Allí adoptó su nombre artístico definitivo. 

Sus dos primeros maridos fueron músicos. Con el primero, el trombonista Al Jorde, se casó a los 17. Tuvieron un hijo, Terry, luego convertido en destacado productor musical que murió en 2004.

Más tarde, en su autobiografía, Doris definiría a su primer esposo como un "psicópata". Se divorciaron a los 24 meses.

Después reincidió con un saxofonista, George Wilder. Esta vez la unión duró tres años. El tercero de la lista parecía ideal para terminar con el calvario, pero terminó profundizándolo, cuenta el periodista Marcelo Stiletano en La Nación. 

Con cada nuevo matrimonio la estrella fue perdiendo de a poco la sonrisa radiante y el espíritu positivo que solo mantuvo en sus películas.

Day y Marty Melcher estuvieron juntos 17 años. El hombre era un cristiano fervoroso y estricto que le prohibía fumar y tomar alcohol. Se dedicó a tiempo completo a manejar la carrera de la estrella, que ganaba fortunas: un millón de dólares por película en su momento de esplendor, más los ingresos por grabaciones y shows. Pero cuando Doris enviudó en 1968, descubrió que su difunto marido sólo le había dejado deudas y además dilapidó los ahorros de toda su vida (unos 20 millones de dólares) en inversiones fallidas o fraudulentas.

Cuatro años después, y mientras disfrutaba de su último gran éxito, el show televisivo que llevaba su nombre, anunció que jamás volvería a casarse. En ese programa que había ideado Melcher su papel original era el de una viuda que manejaba una granja, pero lo cambió por el de una mujer de mundo, que se movía con sofisticación en el
mundo de los negocios de San Francisco.

Con ese personaje, la estrella de Day se fue diluyendo sencillamente porque el mundo estaba cambiando. Los papeles femeninos se iban volviendo más audaces y desprejuiciados, y una actriz como ella, que representaba valores como el decoro y la fidelidad, casi estaba de más.

Para colmo, siempre se negó a hacer películas tristes. Era comprensible: sus atributos más notables pasaban por la simpatía y la luminosidad.

En cine actuó en "Romance en alta mar", "Té para dos", "Bajo la luz de la luna" (y su secuela, "Luna de plata"), "Te veré en mis sueños", "Feliz engaño", "París en abril", "Primer desengaño", "La dicha de amar".

Después hubo más éxitos en clave romántica, como "Enséñame a querer" (con Clark Gable), "La viudita indomable" (con Jack Lemmon) y "Amor al vuelo" (con Cary Grant), junto con algún ocasional papel dramático (el thriller psicológico "Julie" fue el más sombrío de su carrera) donde se destaca su trabajo en "El hombre que sabía demasiado", dirigida por Alfred Hitchcock y coprotagonizada por James Stewart.

La cumbre de su popularidad la alcanzó gracias a las películas que protagonizó junto a Rock Hudson, por entonces el galán por excelencia de Hollywood: "Problemas de alcoba", "No me manden flores" y "Vuelve, amor mío", con la que obtuvo su única nominación al Oscar. Cerró su carrera con dos comedias sofisticadas y brillantes del
genial director Frank Tashlin: "Caprice" y "Una espía por error".

Muchos creyeron que el ataque salvaje de Charles Manson y su clan contra la actriz tenía como objetivo original al hijo de Doris, Terry (que había adoptado el apellido Melcher) y a su entonces novia, la actriz Candice Bergen. Según se supo después, Manson buscaba un productor para grabar algunas composiciones suyas y llegó hasta Terry a través de Dennis Wilson, baterista de los Beach Boys. Pero a Terry el material no le gustó, Manson lo tomó como una traición y ordenó asesinarlo. Al parecer, Terry había sido dueño de la casa que ocupaba Sharon Tate, por lo que se llegó a especular que esa confusión precipitó la muerte de la esposa de Roman Polanski.

Fue allí cuando Doris Day se despidió para siempre del espectáculo y se dedicó a cuidar animales. "Tengo una fortaleza en Carmel. Allí me encerraré con mis perros. No quiero saber más nada del mundo", confesó en 1980. 

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