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Locales

Portada  |  29 junio 2020

Los Faunos, el primer espacio en la región que abrazó a la diversidad de personas

En los años ochenta y hasta entrados los noventa, existió en Cipolletti, en una chacra, un espacio de encuentro y de diversión para quienes buscaban algo distinto a lo que proponía la noche valletana: Los Faunos. Este es un recuerdo, un pequeño homenaje a quien fuera su fundador y anfitrión, Víctor Nittinger “Rututu”, y a todas las personas que defendieron y siguen defendiendo su derecho a la alegria de ser. Por Oscar Sarhan.

Es “tío Victor”. Víctoriano Nittinger, actor, locutor, modelo publicitario oriundo de Carcaraña (Santa Fe) y que luego de pasar por Rosario, llegó a Buenos Aires, donde fue famoso en los años ‘60 y ‘70. Allí hizo grandes amigos como Amelita Baltar, Antonio Gasalla y Jorge Luz.

Ávido de nuevos proyectos arribó a Cipolletti para fundar dos negocios, dos espacios que brillaron gracias al hechizo con el que siempre abrió sus puertas: “El Sillón Encantado” y “Los Faunos”, este último una casa de chacra devenida en disco gay, la única en su tipo en todo el Alto Valle, y me atrevo a decir, en la Patagonia.

Conocí a Víctor en 1985, gracias a mi amistad con su amada sobrina, Ana Zitti. Desde ese momento nos hicimos amigos y era una fiesta cada vez que tío aparecía. También era conocido como “Rututu”, porque solía emular el sonido de su pavo real.

Era único. Un artista con un gran sentido de la libertad, un esteta, un irreverente divertido, un loco bello que se le escapó al sistema opresor de la época.

Acaba de conmemorarse un nuevo aniversario de la represión a los homosexuales en el bar Stonewall, de Nueva York. Pienso en los que todavia son perseguidos, asedidados, burlados en sus trabajos, considerados menos, en nombre de las religiones, de las políticas fundamentalistas, de la justicia en manos de jueces retrógrados.

Por la memoria de los que murieron buscando un mundo más justo e igual, es que la figura de Rututu se eleva. Fue, es y debe ser un orgullo la libre elección y el derecho a ser, según el deseo de cada una y cada uno.

Por eso no olvido que aquí, chicos y chicas llegábamos a bailar de todas partes del Valle. Era el refugio.

En invierno, cuando las heladas caían densas, tío Víctor encendía la estufa a leñas y entraba gritando “¡no quiero a nadie sentado!”.

Treinta años después, podemos recordar a Los Faunos como el lugar fundacional, acompañados por el amor, el desprejuicio y la alegría de tío.

Donde estés ¡Gracias Víctor!

Oscar Sarhan

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